Flota o húndete, es tu responsabilidad

Juan tiene 5 años. Se ha despertado a las 7:00 de la mañana, su madre lo ha vestido medio dormido dentro de la cama y sigue durmiendo 10 minutos más. Un rato más tarde su madre dice: «¡toca hacer pis y desayunar!» Se levanta de la cama, pasa por el baño y baja a desayunar lo que le han preparado. Cuando termina el desayuno, le ponen la mochila que su madre ha revisado previamente para que no se le olvide nada. Entran en el coche y van hasta el colegio. Son las 9:00 de la mañana, en el colegio les piden que hagan una fila por orden de lista, siempre en el mismo orden, siempre delante y detrás de la misma persona. ¿Te suena? Seguro que puedes completar el día. En lo que resta de día, Juan va a tener muy pocas oportunidades para elegir lo que va a hacer. Una cierta sensación de orden y control les da a sus padres la calma necesaria para seguir con su estilo de vida. Pero, ¿qué efecto tiene en Juan esa incapacidad para seguir sus propios deseos e intenciones?

William Stixrud y Ned Johnson llevan muchos años haciendo intervenciones en el ámbito de la familia con niños, niñas y jóvenes que sufren altos niveles de estrés. Su trabajo se basa en los resultados de los últimos estudios de neurociencia. Han encontrado que las personas que tienen poca capacidad para tomar sus propias decisiones muestran bajos niveles de bienestar emocional. Cuando otras personas (normalmente las adultas) toman todas las decisiones por los niños y niñas, estas aprenden que sus éxitos y fracasos no dependen de ellas mismas. Y esto genera un estado de alerta constante que se traduce en altos niveles de cortisol y, como consecuencia, altos niveles de estrés.

Los estudios demuestran que dar a las personas el control sobre sus decisiones disminuye los niveles de estrés y mejora la motivación o el autoconcepto. A nivel práctico, y de manera muy resumida, Sitxrud y Johnson recomiendan que demos a los niños y niñas el poder sobre todas las decisiones posibles. Y al mismo tiempo, los autores coinciden en que lo más difícil es no confundir darles la responsabilidad para elegir con abandonarles en la toma de decisiones. Dejarles elegir no significará en ningún caso que hagan siempre lo que quieran. Sabemos que hay decisiones para las que no están preparadas. Imagina que un niño que no sabe nadar cayera a una piscina y su padre le dijera: ¡Flota o húndete, es tu responsabilidad¡ Yo no voy a elegir por ti». Suena ridículo, pero vemos que algunas familias con la intención de dar capacidad de decisión a sus hijos e hijas, les dan la responsabilidad de tomar decisiones como la del ejemplo de la piscina.

Los estudios demuestran que los niños y niñas sienten mayor seguridad y motivación cuando toman sus propias decisiones, pero solo si sienten que los adultos con los que tienen vínculo se ocuparán de las decisiones para las que no están preparadas. ¿Se te ocurren situaciones en las que debamos dejarles decidir siempre? ¿Y situaciones en que no debemos darles la responsabilidad de decidir? Comenta en esta entrada tu opinión o tus preguntas.

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